miércoles, 13 de abril de 2016

10.- AFICIONES Y CARGOS

Aunque solía echar dos horas extraordinarias todos los días, mi horario de trabajo, en esta nueva etapa de mi vida, me permitía nuevamente practicar mi afición favorita que es el fútbol.
FUTBOL
Como el Centro Español había dejado de existir, un grupo de amigos formamos un equipo de fútbol, llamado = Los Diablos=, que incluso lleguemos a federar dos años después. En él trabajaron intensamente, entre otros, José Ladero, José Cordero y José Pimentel. El primer partido en la liga alemana fue contra el Stockstadt, algo que no se me olvidará, ya 14/ que nuestro jugador Antonio Pérez fue el que marcó el primer gol del partido que al final perdimos por 9-1.
Aunque muchas veces íbamos recibiendo grandes goleadas, la fe que teníamos no nos hizo desistir y así tratábamos de corresponder a la confianza con la que la liga alemana nos acogió. Hasta conseguimos un pequeño local para reuniones y llegamos a ser uno de los mejores equipos de la zona. Es un buen ejemplo de lo que el deporte puede hacer a favor de la integración de extranjeros.
Pero la integración a la que me refiero, no sólo fue entre alemanes y españoles, sino también entre extranjeros de varias nacionalidades. Así, por ejemplo, en Los Diablos teníamos jugadores de Grecia y Alemania, en el Club de Pfungtadt había españoles e italianos y, años más tarde, cuando asumí las tareas de entrenador de un equipo Italiano, el Club Viola, teníamos jugadores de Italia. España. Portugal. Alemania y Senegal.
Han sido muchos años los que he estado actuando como entrenador en la liga de fútbol de aficionados en Alemania y son muchos y muy buenos los momentos que recuerdo de cuando gentes de muy diversos países hacíamos deporte y lo pasábamos bien. En España hay muchos futbolistas extranjeros profesionales y bien pagados, pero lo que echo de menos en Granada de primeros del 2006 es equipos de trabajadores extranjeros que jueguen en las ligas de aficionados y que ya federación española los acoja y los arrope con el mismo interés con el que nos acogieron a nosotros en Alemania.
Tengo que subrayar que mis actividades como jugador y entrenador de fútbol se limitaban a entrenamientos y a partidos. Los jugadores, las familias y los muchos aficionados al deporte del balón formábamos como una piña y éramos una gran familia siempre dispuesta a celebrar victorias y organizar fiestas y excursiones. Con las fiestas de Navidad solían coincidir los torneos de fútbol sala.
Mi ¨carrera¨ futbolística no termino en Alemania. Cuando retorné a Granada. Cirilo a cuyo cargo estaba de responsable del fútbol en Huetor- Vega-me encargó trabajar con los juveniles. Aunque me gustó mucho desarrollar esta tarea en mi propio pueblo, a los seis meses tuve que dejarla por cuestiones de salud y colgar las botas en mí mismo pueblo en el que cuarenta años atrás nos íbamos a jugar al fútbol, primero a un descampado junto a la Iglesia (antiguo cementerio) y más tarde a los Rebites, un campo cercado de cañas que por entonces existía en los Rebites. En la actualidad vivo bastante cerca de la loma en cuya pendiente estaba ese campo del que teníamos que salir corriendo cuesta abajo cuando el balón se nos escapa por encima de las cañas y se nos iba hasta la cañada de los Seis Olivos. Aunque no fuera un campo como los de hoy y volviéramos a casa con rasguños y heridas, era un sitio en el que los muchachos lo pasábamos muy bien los domingos por las tardes.

Ahora ya sólo me quedaba la posibilidad de acompañar alguna vez que otra a nuestro hijo Francisco Javier que al volver a España se apuntó enseguida, primero al equipo Granada 74 de la Chana y después al Huetor- Vega CF. Para ser sincero, tengo que confesar que el fútbol sigue siendo mi gran afición, aunque ahora sólo sea ver la liga española en televisión y la liga alemana gracias a la parabólica. Los sábados por la tarde son sagrados para mí, pues procuro no perderme nunca la Bundesliga.

9.- LA FAMILIA AUMENTA

En 1969 nació nuestro primer hijo. Santiago, en el Hospital de Darmstadt, dándose la casualidad de que la enfermera que atendió a Manuela era una emigrante granadina de nombre Mati.
Qué alegría cuando ya éramos padres. Ahora nuestra vida de a tres era distinta. Manuela y yo estábamos muy orgullosos, pues quien iba a decirme cuando aún era pequeño, que un día me iría a Alemania y que allí conocería a mi esposa y que también allí nacerían dos de mis tres hilos. El mayor. Santiago, nació en Alemania, Francisco Javier, el segundo, nació en Granada, y Verónica, la tercera en Alemania.
11/ a medida que la familia iba aumentando, necesitábamos una vivienda con más espacio. Fuimos cambiando varias veces de residencia, los niños de colegio y nosotros de trabajo. Pero una cosa nunca cambió para nuestros hijos que desde pequeños fueron muy trabajadores, ya que desde la edad la edad de seis años iban por las mañanas al colegio alemán, y varias veces en semana por las tardes a un colegio español. En la actualidad ellos comprenden lo importante que fue aprender los dos idiomas desde pequeños, algo que también tendrían que tener en cuenta los inmigrantes de nuestra época. Es esencial que los haya acogido a ellos y a sus padres, pero igual de esencial es que los niños sepan también el idioma de sus padres, de sus abuelos de sus raíces.
Es una satisfacían tener una familia y, más satisfacción tener una familia tan unida como la nuestra. Cuando en 1987 nos vinimos a España, nuestro hijo Santiago había cumplido 18 años, estaba estudiando para agente comercial y ya tenía novia. Rebeca, su actual esposa. Por estas razones él se quedó en Alemania, hasta que hace unos pocos años nos dio la gran alegría de tomar la decisión de instalarse y trabajar en España. Su formación y su afición por los idiomas que empezó a estudiar desde muy joven en una academia en Darmstadt, son la base para que se desenvuelva de forma tan positiva en el mundo laboral. Lo que son las casualidades de la vida, el hijo de emigrantes granadinos. Santiago, conoce a la hija de emigrantes cordobeses. Rebeca precisamente por tener las mismas raíces culturales, ya que Santiago era aficionado a la guitarra y Rebeca era profesora flamenco.
La vuelta a España para nuestro segundo hijo. Francisco Javier, fue bastante dura, ya que sólo tenía 14 años, una edad difícil para cambiar de residencia. En Alemania se dejaba a los amigos del colegio y a los compañeros del fútbol, que era su gran afición, al parecer heredada de su padre. Anecdótico es que en un torneo internacional de fútbol infantil celebrado en la ciudad francesa de Nimes, un hijo de emigrantes españoles, jugando en un equipo alemán, se enfrentó a un Real Madrid. Jugaba tan bien, que los responsables de la federación alemana tenían ya planes concretos para conciliar sus estudios en el colegio con su formación como futbolista. Como nos vinimos a Granada, Francisco Javier tuvo que desechar esa oferta, y durante mucho tiempo se nos quejaba de que no lo hubiéramos dejado en Alemania con su hermano mayor. Pero con el paso del tiempo, y después de hacer el servicio militar, se ha convertido en un buen profesional en el ramo de la metalúrgica. Se casó con María Luis, una chica granadina del Albaycín, con la que tienen una hija y un hijo. Andrea y Álvaro, que ha coronado la alegría de la felicidad de sus padres, abuelos y tíos.
Para Verónica, que se vino a la edad de ocho años, hablando español y alemán, el cambio de país no le supuso mayores problemas, y tampoco el cambio de colegio y de sistema escolar. Manuela y yo éramos conscientes de lo importante que era que Verónica también francisco Javier, mantuvieran y perfeccionaran el alemán que sabían, pues de lo contrario hubieran bastado pocos meces para que lo olvidaran. Las clases de alemán a las que asistían los sábados, primero fueron las profesoras Karin e Ingeborg, las dos lo hicieron voluntariamente, en el colegio público Nuestra Señora de las Angustias de Huetor- Vega y más tarde en el Colegio Genil de Granada, les sirvieron para que en la televisión alemana que llega por satélite, e incluso laboralmente.
Hubo dos cosas que nuestros hijos no entendieron de pequeños. Primero, que cuando vivíamos en Alemania en casa, para que practicaran el español. Segundo, que cuando volvimos a España, les pidiéramos que en casa, para que practicaran el español. Segundo, que cuando volvimos a España, les pidiéramos que en casa y entre ellos no hablaran español sino alemán, para que no se les olvidara, y así cuando fueran mayores tuvieran la ventaja de ser bilingües.
Recordando las dificultades que el cambio de Alemania a España supuso para nuestros hijos. Hay algo que cualquier emigrante o inmígrate tendrían que tener en cuenta. Quien tenga la atención de volver a España con sus hijos, tendría que tomar la decisión antes de que los hijos cumplan de 8 a 10 años. Por propia experiencia sé que, para un joven que ya 12/ está en el colegio y que tiene sus amigos y aficiones, es muy difícil y penoso abandonar de golpe todo lo que tiene en su país de residencia, que quizás es el país en el que nació, para empezar completamente de cero en un país nuevo, que muchas veces casi solamente conoce de los días vacaciones que ha pasado en él con sus padres.
Manuela y yo trabajábamos en la misma fábrica en Darmstadt, unos grandes laboratorios químico-farmacéuticos, con guardería infantil propia. Esto fue para nosotros muy importante, ya que cuando en el año 1969 nació nuestro primer hijo. Santiago Manuela y yo pudimos seguir trabajando los dos, a pesar de que Santiago tuviera frecuentemente problemas de salud. Al estar en la guardería, nos llamaban para cualquier cosa que ocurriera, y así trabajábamos más tranquilos, ella en el departamento de envíos de impresos para médicos, yo en unos laboratorios en los que se extraían productos a plantas medicinales que nos llegaban desde Guatemala.
Como Santiago seguía siendo un niño de salud delicada, tomamos la decisión de que Manuela se quedara en casa, pues aunque habíamos para ganar dinero, lo más importante era naturalmente la salud y el cuidado de nuestro hijo. De esta forma logramos que con el tiempo se convirtiera en un joven sanote.
Al dejar Manuela su trabajo, nos convertimos en una familia con un sólo sueldo y las dificultades económicas que ello conlleva. Pero una familia predestinada al pluriempleo. Como en la empresa trabajaba en tres turnos de mañana, tarde y noche, me vi obligado a buscar un trabajo privado. Encontré un trabajo muy consistente el trabajo era muy duro y peligroso se trataba en romper baterías de coches, camiones y aviones con el fin de separar la baquelita del plomo, metal que se reciclaba en una fundición en Frankfurt.
Romper baterías era un trabajo a la vez duro y peligroso porque al romperé las baterías salía ácido o polvo de plomo, con el consiguiente peligro para la piel, las mocosas, los ojos y los pulmones. Lo más peligroso era el plomo que entrara en el organismo y se produjera la intoxicación por el plomo o saturnismos de los posibles peligros, la situación en la que nos encontrábamos y nuestra juventud eran más fuertes que nos olvidáramos de las consecuencias de este trabajo que estaba muy bien pagado y que necesitaba cada vez más mano de obra. Por esta razón hablé con el dueño por si quería que llevara a unos amigos a trabajar allí, poco a poco, me convirtió en el responsable de personal y fueron muchos los andaluces, gallegos, extremeños, etc., que tuvieron la oportunidad de ganar un sueldo adicional con el que poder acortar su estancia en el extranjero y volver más pronto a sus tierras.
Ese era el caso, por ejemplo, del extremeño Antonio Romero, gran amigo mío que sólo soñaba con que llegara el día de su jubilación, ya que el día siguiente quería regresar a su pueblo de El Valle de la Serena y disfrutar allí de su casa. Pero por circunstancias de la vida, el hecho de que sus dos hijas se casaran y siguieran residiendo en Alemania. Antonio y su esposa Inés siguieran viviendo allí, aún varios años después de estas jubilado, tomaron la decisión de volver ya definitivamente a su querido pueblo, El Valle de la Serena.
Entre los muchos compañeros que trabajaron conmigo en las baterías también mencionar a Juan Conejero, un andaluz recién casado, que de repente con el mal trabajo que realizábamos ingresó en el Hospital. Su esposa Loli y nuestro amigo Francisco Álvarez me llamaron para que acudiera a la consulta del médico para hacer de intérprete. Fueron unos momentos muy difíciles para mí, ya que el médico me dijo que tenía que traducirle, que en la operación no había podido hacer nada, puesto que tenía un cáncer en un estado muy avanzado, y que no le daba más de tres meses de vida. El médico comprendió mi propuesta de que era mejor no traducir directamente lo que él me estaba explicando y que Manuela y yo hablaríamos más tarde y con más tranquilidad con su esposa. A Juan le dije que había tenido una operación bastante complicada y que necesitaría mucho reposo, en lo posible y lo mejor sería cambiando de clima, le aconsejemos que fuese en España, para lo cual daríamos con el seguro los pasos necesarios para que una vez recibida el alta pudiera irse con su esposa a Andalucía.
13/ Al grave problema de salud y a la enorme tristeza de saber lo que irremediablemente tenía que suceder, a su esposa Loli se le unió el problema económico de no disponer más que del dinero que recibía del seguro de enfermedad, Poco antes de entras en el hospital, Juan había tenido un accidente con su coche que se encontraba casi inservible. Entonces un grupo de amigos nos pusimos mano a la obra para que Loli pudiera venderlo. José Ladero. Chapista y pintor, y José cordero, mecánico, trabajaron desinteresadamente y dejaron el coche como nuevo. Las piezas de recambio necesarias se compraron con el dinero recaudado entre los muchos amigos que tenía Juan. Por desgracia, el diagnóstico del médico fue certero y, las ilusiones de un joven matrimonio de emigrantes quedaron truncadas. El caso de Juan lo viví tan intensamente y me impresionó tanto que ir al hospital y el tropiezo con inmigrantes que van a visitar a un familiar o amigo allí encamado, me pongo a pensar en las ilusiones con las que estas personas podrían haber venido y en los problemas que de repente se les pueden presentar por una enfermedad.
En 1970. Por consejo de mi cuñado José, deje los laboratorios y entré a trabajar en el departamento de paquetería de los ferrocarriles alemanes, ya que me darían una vivienda. Así sucedió. Pero por el esfuerzo en la carga y descarga, a destajo, de paquetes de los trenes y el trabajo adicional de las baterías mi columna vertebral se resistió. Por consejo médico tenía que cambiar a otro trabajo menos forzado, concretamente a la limpieza de los vagones en turno normal. Esto significa para mí ganar bastante menos. El dueño de las baterías, al enterarse de esto, me propuso que dejara los ferrocarriles y me fuera a su empresa, pero ya no para romper baterías, sino como encargado de personal y cargador de camiones con palas mecánicas.

Llegaron los días en los que algunos nos pusimos enfermos a causa del plomo. Nuestra alegría de tener un trabajo bien remunerado empezó a nublarse cuando notamos las primeras molestias en el estómago. Parecía que nos llegaba el fin y así fue. A mí me tuvieron que ingresar en el hospital y me diagnosticaron intoxicación con plomo. Estuve bastante grave, un mes en tratamiento y, después, unos tres meses en rehabilitación con prohibición estricta de nunca más trabajar con plomo. Aunque había pensado en regresar a España, un buen día me volví a presentar en los laboratorios Merck, cuyo jefe de personal me había dicho cuando me fui, que cuando quisiera volver tendría las puertas abiertas, Era el año 1973 cuando volví a entrar en Merck, pero esta vez, en un trabajo mucho mejor y con mayor responsabilidad, en la producción farmacéutica. Me favoreció mucho saber ya leer y escribir alemán, y el hecho de haber tenido a una excelente persona, el capataz Franz Kúchel, enseñándome el nuevo trabajo. Este trabajo reunía todas las condiciones que todo trabajo debería tener, pues además de ganar algo más, me gustaba mucho y me sentía feliz y útil de hacer un trabajo importante. Me pasaba el día en un laboratorio completamente estéril fabricando cremas de las que después se beneficiarían enfermos con eczemas o acné en todo el mundo. Me compenetré tanto con mi trabajo que incluso me aceptaron y gratificaron cuatro propuestas que hice para mejorar la calidad del producto final.

8.- MANUELA ENTRA EN MI VIDA.

Un fin de semana del año 1966, el Centro Español de Darmstadt organizó una excursión a Kassel, ciudad al Norte de Darmstadt, no muy lejos de la frontera con la antigua República Democrática Alemana (DDR).
Fue un día inolvidable para mí, ya que en el autobús iban dos hermanas extremeñas que Vivian con sus padres en Darmstadt. Al mirar y hablar con una de ellas, mi corazón palpitaba más fuerte. Que suerte para mi haberme apuntado a esa excursión. Así conocí a una joven de nombre MANUELA, que en el futuro se convertiría en mi esposa.
Aunque de aquel viaje hacen ya más de 48 años, no se me borrará de la memoria, porque aquel día me toco el mayor premio de la lotería, sobre todo cuando veo por nuestras calles grupos de inmigrantes que también han abandonado su tierra como lo habíamos hecho ese grupo de españoles que un domingo inundó las calles de Kassel para ver sus monumentos y también, todavía, algunas ruinas de la guerra como las que apreciábamos cuando andábamos por las calles de esta capital maravillosa capital. Los años pasan, los idiomas son otros, también el color de la piel, pero lo que no cambia desgraciadamente es que siga habiendo personas que tienen que abandonar a los suyos para ayudarles a subsistir.
Tanto en el viaje de ida, como durante el paseo por Kassel, no paraba de fijarme en Manuela, pero ella era una muchacha bastante tímida. Aunque fue con su hermana Emilia con la que más charlé, al principio, en el viaje de regreso todo cambio, pues nos sentamos juntos.
En el trayecto de Kassel a Darmstadt es donde empezó Manuela a entrar en mi vida. Gracias a estar en Alemania, tanto Manuela como yo, pudimos conocernos y luego casarnos. Por eso repito muchas veces que Alemania me lo ha dado todo o todo y, entre otras cosas, a la mujer de la que cada día estoy más orgulloso, porque ha sido el pilar que ha sostenido mi vida entera y no ha parado de apoyarme allí donde lo necesitaba.
Al día siguiente había que volver al trabajo y a la rutina de cada día, pero ahora todo me era más fácil y ligero, pues había conocido a la mujer de mi vida y estaba muy ilusionado. Aunque eso sí, me pasaba todo el día esperando a que llegara la hora de verla, aunque al principio fue a escondidas.
De nuestro noviazgo tengo que contar que, aunque transcurrió en Alemania, fue según las tradiciones y costumbres españolas de aquella época, ya que mis suegros eran extremeños de Don Benito. Y también les pedí a ellos permiso para: hablarle a su hija: que era como se le llamaba entonces, pero se lo pedí por carta, ¿Por qué? ¿Es que no me atrevía a dar la cara? Todo lo contrario, lo que sucedía es que Manuela y su familia ya estaban de vacaciones en España y mi intención era ir a Huetor-Vega a ver a mi familia, pero pasando por Extremadura para ver a la que después también se convertiría en mi familia. Por carta mi suegro me preguntó si iba en plan formal.
Así planee mi viaje, me fui en tren desde Madrid a Don Benito y me presenté a José Parejo, el padre de Manuela, y allí pasé una semana, aunque viviendo naturalmente en una pensión. Por las tardes, la madre de Manuela, que era muy estricta, nos dejaba salir solamente si nos acompañaba su hermana Emilia trataban de que yo fuera conociendo a las amigas y amigos de la infancia que ellas se dejaron en el pueblo al irse con sus padres a Alemania.

9/ Así también fui conociendo a toda la familia de Manuela y me di cuenta que los extremeños son gente muy hospitalaria, pues tanto los abuelos y tíos, como sus primas y primos me acogieron muy bien desde un principio.
Lo único malo de esta semana en Don Benito, la última semana de vacaciones de Manuela y la primera de las mías, es que fue muy corta, y así llegó el día en que nos tuvimos que separar: Manuela y su familia tenían que regresar a Alemania, y yo ponerme en camino hacia Granada.
Tengo que decir todavía que, antes de venirme a España de vacaciones, una tarde después del trabajo me puse a escribirle a mi madre una carta, en la que explicaba que era feliz porque había encontrado a la mujer de mi vida y le contaba como ella era, y que iba a ir a Extremadura.
Así es que la llegada a Granada, después de mi primera visita a Don Benito, para pasar el resto de mis vacaciones con mi familia, ellos ya sabían de Manuela. Les conté como era Manuela y lo feliz que era yo. Mi madre y mi hermana se alegraron mucho de esta noticia.
Las vacaciones en Huetor Vega se me pasaron prontas y, como siempre, llego la triste hora de la despedida. Pero esta vez toda era distinto a las veces anteriores en que abandonaba mi pueblo. Sabía que esta vez tenía en Alemania a alguien que
me esperaba, allí estaba ya mi novia Manuela.
Esta fue la razón por la que también mi vida cambió en comparación con años anteriores. Tenía que seguir trabajando, pero mi estancia en Alemania se hacía más llevadera por un motivo más de trabajo y amigos, tenía a mi novia. Seguía siendo un emigrante, pero ahora era mucho más feliz.
Cada día que pasaba me encontraba mejor en Alemania. Estaba tan bien que Alemania se iba convirtiendo en mi segunda tierra. Mis metas se me iban cumpliendo. Fui a una academia de conducir, estudié y me examiné, y conseguí el carnet de conducir alemán. El siguiente paso fue comprarme un coche, Aunque de segunda mano, ya tenía un coche, lo que facilitaba ir a ver a mi novia en la Michaelisstrasse, sin tener que esperar al tranvía y autobuses y hacer transbordos.
Mi vida era un sueño, sobre todo cuando recordaba la primera vez en que hacía ya cinco años salí de mi pueblo con aquella maleta de cartón porque no había para más y lo solo que me encontraba tan lejos de mí pueblo, de mi madre, de mi hermana y de toda mi familia y mis amigos. Mientras tanto la casa de Huetor Vega ya estaba hecha y pagada. Ahora me encontraba más libre, pero como una persona siempre tiene planes para el día de mañana. Manuela y yo comenzamos a pesar en nuestro futuro común y el primer paso iba a ser nuestra boda. Los padres de Manuela aceptaron nuestra decisión y la apoyaron,
En 1968, don Félix Sánchez (cura extremeño de la Misión Católica Española de Darmstadt) nos casó en la capilla de la Niederramstádter Strasse,que es donde solía haber misa en español, y donde se celebraban los bautizos, matrimonios y desgraciadamente también funerales. Se trataba de una capilla pequeña de monjas que tenían una residencia de mayores y un jardín infantil, pero para nosotros era como una catedral que nunca olvidaríamos ni, afortunadamente, olvidaremos nuestra boda vinieron paisanos de Huetor-Vega que vivían en Pfungstadt y amigos y compañeros de trabajo de Darmstadt. Aunque no pudo venir nadie de mi familia, pronto los vería a todos, ya que después de la fiesta en los locales de los ferrocarriles alemanes, nos pusimos camino hacía España en viaje de novios.
Éramos una joven pareja de recién casados que viajaba por primera vez junto. Era la primera vez junto. Era la primera vez que iba en nuestro coche, ahora con nuestro coche a España.
Estaba deseoso de llegar a Huetor-Vega para poder presentar a Manuela a toda mi familia. Y Manuela quería presentarme al resto de su familia que yo todavía no conocía. Eran sus tíos Julio y Josefa, sus hijos y demás tíos, Antaño, Manolo, Emilia, y Asencion, y sus 10/ primeros Julio y Josefa y los hijos emigraron a Cataluña y vivían en Vila nova de la Geltrú, pueblo de la provincia de Barcelona, en el que fuimos fantásticamente recibidos.
Tengo que señalas que en aquellos tiempos el viaje en coche no era tan rápido y cómodo como hoy, ya que de los más de 2.300 kilómetros de carretera sólo había 250 kilómetros de autopista desde la ciudad francesa de Lyon hasta cerca de Nimes. Lo demás era carretera nacional y la necesidad de atravesar pueblos y ciudades, ya que apenas existían carreteras de circunvalación. Lo único bueno es que no había tanto coche como hoy. Fue un viaje muy especial para nosotros. Éramos un matrimonio que comenzaba una nueva vida, para llevarnos bien y compartí lo bueno y lo malo mutuamente, lo que gracias a Dios hasta hoy estamos cumpliendo. Espero que Dios nos dé munchos años para seguir al menos como hasta ahora lo hemos hecho.
Durante las muchas horas frente al volante por esas carreteras de Francia y España, yo no paraba de contarle a Lola sobre mis gentes y mi pueblo. Al fin llegamos por la carretera de Murcia a este sitio tan conocido, con el nombre del, (Tambor), ese punto alto del Alba
sin, desde el que se divisa toda Granada, los pueblos de los alrededores, y su fértil Vega. Allí paramos y le enseñe la ciudad, ese sitio que años después se convertiría en nuestro lugar de residencia.
Yo estaba muy contento de no ir sólo, sino con mi esposa, y muy orgulloso de poder ir presentándola a mi familia y amigos. Todos la acogieron estupendamente y pasamos unas vacaciones muy felices, en las que no faltaron la Alhambra, el Generalice, la Catedral, Cartuja, Sierra Nevada y muchos otros monumentos y rincones típicos de nuestra ciudad.
Pero nuestro viaje de luna de miel no terminó en Huetor-Vega y Granada, ya que desde aquí nos fuimos a Extremadura para presentarnos como feliz pareja a la familia que allí tenia Manuela, que aún no había conocido.
Así, entre familiares y amigos, entre excursiones e invitaciones, entre Granada y Don Benito, pasé unas de las mejores vacaciones de mi vida. Fueron días muy felices y esta vez no tenía a que mis vacaciones se terminaran, pues fuera por donde fuera siempre iba acompañado por Manuela, y con Manuela regresaría a Alemania.
Aunque lo habitual entre los emigrantes era volver a la tierra en cuanto uno tuviera su casa o su piso, en nuestro caso esto no fue así, Manuela y yo decidimos quedarnos en Alemania y fundar allí nuestro hogar por varias razones; los dos teníamos un trabajo más o menos bueno, los dos éramos de dos provincias distintas y además, Manuela tenia a sus padres y hermanos en Alemania. Este fue también uno de los motivos por el que deseché la propuesta que me hizo la empresa de irme a trabajar durante dos años a Guatemala. Aunque era una oferta económica tentadora, yo preferí quedarme en Alemania y dedicarme a mi esposa y a los hijos que poco después vendrían.

Aunque estábamos relativamente bien situados en Alemania, nunca nos olvidamos de nuestra tierra, ya que- al igual que la mayor parte de los emigrantes españoles en Europa y América, y de los inmigrantes americanos, africanos y asiáticos en España- lo más probable es que alguna vez, más pronto o más tarde uno vuelva a su tierra.

7.- MI MADRE ME VISITA

En Navidades de 1965 tuve una gran alegría, pues fue la primera vez que mi madre me visitó en Alemania. Se vino con doña Elli, que iba a pasar unos meses con su hijo Federico, aunque mi vi venda era pequeña fue lo suficientemente grande para que mi madre se sintiera a gusto, sobre todo por estar junto amo.
A mi madre le agradó mucho conocer a la gente con la que yo me trataba, especialmente a Leoncio Rodríguez, su esposa Olivia e hijos, que la acogieron como si fuera de la familia. Los hijos lo pasaban muy bien con ella y no era raro ver a los dos menores jugar con mi madre. A la familia Rodríguez jamás podré olvidarla, son parte de mi familia y siempre les estaré muy agradecido por todo. Para mi tiempo muy feliz, pues no estaba solo, gozaba de su compañía y yo no tenía preocupaciones, pues cuando llegaba del trabajo me encontraba siempre la ropa lavada y planchada, la casa limpia y la comida en la mesa.
Esta vivencia vuelve a mi memoria que he conocido en Granada a inmigrantes que estaban solos, deseosos de poder abrazar un día a sus madres o esposas. Se lo mucho que se sufre en la soledad, cuando uno está lejos de los suyos, y lo que uno goza cuando al fin llega el día de pasar juntos una temporada.
Mi madre se lo pasó muy bien en Alemania, no sólo por estas conmigo, sino también por las muchas cosas que había en ese país, que todavía no existían en la Granada de entonces. Ella y doña Eli aprovechaban, por ejemplo, para ir a los grandes almacenes y subir por las escaleras mecánicas a la cafetería desde donde se dominaba toda la ciudad. Ella se quedaba asombrada, ya que eran tiempos anteriores a los del establecimiento de Galerías Preciados y el Corte inglés en Granada.
Así, mi madre conoció también el contraste entre el lujo de una Alemania que estaba resurgiendo de las cenizas y descombros de la guerra mundial, con la importante ayuda del trabajo de los emigrantes, y la bastante humilde vivienda que yo tenía. Es que antes Alemania, y ahora, en España, los emigrantes siempre nos hemos tenido que conformar con viviendas baratas o compartir un piso para poder ahorras algo más.
La historia se repite, Lo que yo viví en los años sesenta en Alemania, lo veo ahora, cuando años después cuando paso por calles de Granada. Almería, Murcia o Cartagena, con casas medio en ruinas en las que no quieren vivir españoles, y que sólo se alquilan a inmigrantes que viven en ellas muchas veces en condiciones infrahumanas.
Como es natural, mi madre conoció también a todos los paisanos de la colonia de Darmstadt, a donde muchos fines de semana íbamos con mi primo Antonio Muñoz que trabajaba en la ciudad de Hanau cerca de Frankfurt.
Entre unas cosas y otras, también fuertes y prolongadas nevadas y muchos grados bajo cero, llego el día en que mi madre se tenía que volver a España, Huetor Vega la esperaba. Yo me quedé nuevamente solo soñando con que llegaran otra vez, como cada año, las vacaciones de verano. Sé que ella se lo pasó muy bien, pues no fue la única vez que hizo las maletas para ir a Alemania.

8/ Esta visita fue la primera de un total de cinco que mi madre me hizo en años posteriores. Una vez se vino, las demás veces con doña Eli, Unas veces en tren por Madrid y Paris, otras en coche por Barcelona y Lyon, y el último que viajaron fue en avión hasta Frankfurt. Este fue el último viaje que hizo a Alemania, porque doña Eli la madre de Federico, murió en Darmstadt y después mi madre ya no quiso viajar sola hasta Alemania.

6.- ENFERMO EN EL HOSPITAL

Un día llegó algo con que yo nunca contaba, ni esperaba y ni deseo a nadie. A finales de 1964 tuve que ingresar en un hospital, pero no en Darmstadt donde ya tenía amigos, sino en la ciudad de Mainz a unos 60 kilómetros de distancia. En la cama del hospital se agravó mi tristeza, es algo que hay que vivirlo, para poder comprender lo que un emigrante siente cuando está hospitalizado lejos de los suyos, Para no preocupar a mi familia, no les dije nada. Fueron 23 días bastantes malos, un prólogo de lo que años más tarde iba a padecer. Mi gran consuelo durante el tiempo que estuve encamado fue recibir visitas de amigos que vinieron expresamente a Maínz. José, Enrique y Federico, me dieron la alegría y satisfacción más grande que un enfermo hospitalizado en tierra extraña puede sentir. 7/ Hay cosas que hay que vivirlas en las propias carnes para poderlas comprender, y por muy mal que a uno le vaya hay que ser fuertes para poder sobrellevar todo lo que a uno se le presenta.
Dos meces después me reincorporé al trabajo de la fábrica y a la rutina diaria. Le pedí al capataz trabajar también los sábados pera ganar algo más. Aunque para los solteros esto no era muy rentable, ya que gran parte de lo que se ganaba en horas extraordinarias se lo comían los impuestos, en mi caso esto fue distinto, porque yo le mandaba mensualmente giros a mi madre y guardaba los justificantes para Hacienda. Para desgravar impuestos, todos los años tenía que pedir un certificado al Ayuntamiento de Huetor-Vega en el que constaba que mi madre necesitaba el dinero y que lo recibía regularmente de su hijo.

5.- MIS PRIMERAS VACACIONES

Así iba transcurriendo nuestra vida hasta que pasados once meses llegaba el día de las vacaciones y regresábamos a nuestra tierra para pasar un mes junto a nuestros familiares y amigos.
Es como cuando un auto está un poco averiado y se le hace la revisión en un taller y sale del arreglo para poder seguir rodando otro tiempo, hasta que se haga necesario un nuevo arreglo o revisión, unas de mis primaras visitas obligadas era a las obras de las nuevas casas para comprobar en lo que se iba gastando el dinero que yo mandaba mensualmente a mi madre. Como me encontraba de nuevo en mi querido Huetor y siempre tenía buenos amigos de la infancia que me acogían con cariño después de casi un año sin vernos. Uno de ellos era Enrique Girela que, siempre que tenía libre, estaba dispuesto a que lo pasáramos juntos. Enrique tenía una Vesta con la que nos íbamos a la playa o a la sierra. En Sierra Nevada dejábamos la moto en los albergues y nos íbamos andando hasta el Veleta.
Otras veces nos dábamos una vuelta por la capital, apenas tenía tráfico. Ya no hay unos cuantos coches pequeños sino por todas partes coches grandes, potentes y de lujo. Los españoles tenemos que estar muy orgullosos de cómo nos encontramos, pero tenemos que tener en cuenta, el dinero que entra de nosotros, y de poder estar acogiendo a muchos inmigrantes de algunos países en los que ni siquiera podrán tener un coche pequeño. Deberíamos reflexionar un poco y no quejarnos tanto, al pesar de que nuestra situación ahora no la estamos pasando muy bien, pero ay veces que. Deberíamos reflexionar un poco y no quejarnos tanto como a veces acostumbramos a hacerlo.
Las cuatro semanas de permiso se pasaban más rápidamente de lo que nos hubiera gustado. Llegaba el peor momento, el de la despedida de nuestros familiares y amigos hasta que nuevamente pasara un año, un tiempo muy largo que sólo se hacía más llevadero gracias a las cartas que nos escribíamos con regularidad, esas cartas que al regresar del trabajo a casa nos encontrábamos en el buzón y eran para nosotros motivo de gran alegría.

4.- UN PEQUEÑO HUETOR VEGA EN ALEMANIA

Un buen día me entere de que en Pfungstadt, un pueblo cercano a Darmstadt, Vivian varios paisanos, eran gente de mi mismo pueblo, Huetor Vega. Aquello fue para mí una alegría muy grande. El primer día que fui a verlos. Cirilo y su esposa Roció me invitaron a comer, precisamente esas patatas fritas al estilo de nuestra tierra, que yo ya llevaba mucho tiempo sin probar.
Desde entonces iba casi todos los domingos a ver a mis paisanos. Entre ellos estaban Meno y Santiago, Paquito, Ramón, Rafael, y varios más, pues unos habían ido tirando de otros, el resultado era que gran parte de los emigrantes hueteños estaban en este pueblo.
Todos ellos me dieron cariño, apoyo y ánimos para seguir hacia adelante, se me hacía muy larga, la semana, esperando que al fin llegara la hora de coger el tranvía hasta Eberstadt y trasbordar al autobús que me llevaría a Pfungstadt ese pequeño Huetor - Vega, que había descubierto en Alemania, esa localidad alemana en la que el bar, Rose; en el que los españoles nos reuníamos, llegamos a ponerle el sobrenombre de, Bar el Mentidero.
Los jóvenes que allí estábamos todos nuestras ilusiones y aficiones; una de ellas era la de jugar al futbol entre nosotros, Pero no solo los de Huetor, sino muchachos de cualquier parte, de España: todos estábamos muy unidos, nos desahogábamos hablando de nuestra tierra, y tratábamos de quitarnos las penas, que sentíamos por estas tan lejos, unos de Bembibre, otros de Alcantarilla y otros de Huetor Vega.
Pfungstadt fue un pueblo muy acogedor para todos los españoles. Aparte de jugar al futbol , teníamos de vez en cuando cine en español, las reuniones en nuestro, -Mentidero-,y la celebración de una gran fiesta de fin de año en el pabellón del Ayuntamiento, amenizada por un conjunto de españoles y, algunas veces, también por músicos que venían expresamente desde España, a tocar centros españoles del extranjero. Estas fiestas de Nochevieja, con jamón serrano, mantecados, polvorones, cava y una gran rifa, se convirtió, en una tradición que hoy en el año 2013 ha dejado de ser aquella famosa fiesta, que tanto disfrutábamos, los españoles.
Yo he sido de los hombres que siempre ha disfrutado todo lo que he podido. Pero como todos íbamos huyendo de una vida de miseria y con la esperanza de poder encontrar una vida mejor, también pertenezco a esa raza de los que quieren y deben progresar. Aunque como es natural, no sin sacrificios, yendo, por ejemplo, y adaptarme mejor a mi país de acogida. Esto me permitía adquirir más conocimientos para mi propio bien y más posibilidades para ayudar a los que llegaron después que yo.
Me enorgullezco de haber sido emigrante. Además de ser hueteño, granadino y español, tengo así una segunda tierra que es Alemania, el país que me ha dado casi todo lo que ahora tengo y en el que se produjo un gran cambio en mi vida, acompañado naturalmente no pocas veces de sacrificios y lágrimas.
Un buen día, Leoncio me dijo que si quería irme a vivir a Arheilgen, a una habitación que se había quedado vacía junto a su casa. No lo pensé dos veces y así lo hice. Cambié la habitación compartida de la barraca por una habitación compartida de la barraca por una habitación para mí solo, aunque compartiendo patio y retrete. Gracias a Leoncio mi vida cambio para bien, no solo por tener un mejor alojamiento, sino sobre todo porque Leoncio y su esposa Olivia, y sus hijos José, David, Maribel y el pequeño Nines, fueron para mí como una segunda familia, me dieron todo el cariño posible. El vivir junto a ellos y compartir muchos ratos buenos, hizo que me encontrara muy agusto en mi habitación, aunque fuera fría y no muy acogedora. Lo peor era tener que salir tiritando en las noches de los largos inviernos al patio, que es donde se encontraba el retrete. La ropa la lavaba según el sistema tradicional Alemán, hirviéndola en un perol grande y removiendo, Para no tener que planchar, comprábamos camisas de nylon para lavar y colgar, sin necesidad de plancharlas.
5/ Como ahora tenía habitación con cocina, muchos fines de semana venían amigos a mi casa. Los que estábamos solteros nos hacíamos la comida, estábamos unas horas jugando, jugábamos al dominó y a las cartas, hablábamos y defendíamos cada uno a nuestro pueblo como el mejor, aunque habíamos emigrado por las dificultades que teníamos en nuestros pueblos, nunca tolerábamos que se nos hablara mal del nuestro, porque era tierra en la que habíamos nacido, Recuerdo que yo siempre defendía también el buen vino de Huetor Vega.
En mi habitación, escuchábamos Radio España independiente Emisora Pirenaica con noticias de nuestra tierra que, por estar prohibido en España, en nuestra tierra se desconocían, También poníamos el programa en español de la emisora alemana Radio Múnich y tratábamos de sintonizar, a veces con mucho ruido, alguna emisora española que los domingos por la tarde nos ponían al corriente de los resultados de la liga española. En las retrasmisiones de partidos de la selección española nos emocionaba mucho escuchar el himno español, se nos ponía el vello de punta y hasta se nos saltaban las lágrimas, lo mismo nos ocurría con el concurso de Eurovisión de la canción, cuando nerviosos esperábamos que los doce puntos fueran para España.
Los fríos del invierno, nos obligaba que los fines de semana íbamos, Leoncio y sus hijos al bosque a buscar leña para la estufa. Eran tiempos en los que todos procurábamos gastar lo menos posible, y nos traíamos el Opel de Leoncio cargado de leña hasta los topes. Todos mirábamos por la peseta, mejor dicho, por el marco que era la moneda alemana de entonces. Precisamente el cambio de marcos a pesetas era lo que nos beneficiaba a los emigrantes.
Hablando de ahorrar, tengo que mencionar que casi todos los emigrantes siempre buscábamos donde hacer un trabajo aparte del que teníamos son la fábrica, para ganar algo más. Yo hice varios, ejemplo, en las bases norteamericanas de la ciudad de Hanau; cuando tenían fiestas trabajábamos un compañero alemán y yo de camareros en las carpas que montaban y allí se nos presentaba el problema de los cambios, ya que se pagaba en marcos y en dólares, y había que echar cuentas, pero nos acostumbramos sin problemas.
Algunos fines de semana los aprovechaba para ir al Centro Español que había en Darmstatd y cuyo bar lo regentaban el gallego Perfecto y su mujer Agustina. Una de sus hijas se llegó a casar con el portugués Fernando, un ex jugador de fútbol de la primera división de Portugal que, por razones políticas, había emigrado a Alemania y trabajaba conmigo en la misma sección,- Porque menciono esto-.El cambiar la camiseta de su equipo por un mono de trabajo motivó que, durante los primeros tiempos Fernando tuviera problemas y mucha tristeza,-Por eso le presenté a una chica gallega guapa y simpática, era Elena, la hija de Perfecto, hoy su esposa.
Un domingo fuimos un grupo de españoles al parque zoológico de Frankfurt. Cualquier excursión o reunión entre españoles nos ayudaba a que nuestra vida fuese más estable y abandonáramos en munchos ratos la soledad. Aquella visita al zoo fue muy bonita: yo nunca había visto un parque zoológico tan grande- La excursión la había organizado Federico Hernández, que en aquella época fue la mano derecha de muchos españoles y nos ayudaba en todo lo que estuviera en sus manos y gracias a que dominaba el alemán. Con el tiempo he ido comprendiendo las ventajas que uno tiene si se sabe el idioma del país y puede echar una mano a los demás.

Siempre he tratado de hablar y tratar con cuantas personas me aceptaran y, aunque ya no vivía en la barraca de la fábrica, seguía visitando con regularidad a los compañeros que allí se quedaron, y no podían, pero yo con mis pequeñas dificultades sí que podía.
También tuvimos la suerte de que alguna vez nos visitaran artistas importantes, como el Príncipe Gitano y Marisol. Otro amigo y yo fuimos los encargados de repartir la propaganda por la ciudad y los pueblos, en ambas ocasiones hubo un lleno total, mucha alegría y muchos aplausos, pero también alguna que otra lagrima por el recuerdo de los que estaban lejos de nosotros. En estos actos y cuando jugábamos al futbol entre nosotros 6/ como equipos de centros españoles de otras ciudades como Viesen, Wetzlar o Stuttgart, éramos varios cientos de emigrantes los que nos encontrábamos. Por esta razón hoy me enfado cuando alguien me dice que hay muchos inmigrantes al ver reunidos a varios grupos, lo mismo lo hemos hecho nosotros, como si se tratara de una multitud amenazante.
El Centro Español también organizaba algunas fiestas, como para Navidad o el Día de la Hispanidad, para los numerosos españoles y latinoamericanos que Vivian en Darmstadt y sus alrededores, incluso se llegaron a formas pequeños conjuntos musicales, aprovechando la circunstancia de que entre los emigrantes siempre había gente que sabía tocar algún instrumento. De aquella época era el-Niño de Darmstadt- al cante y a la guitarra. Pero también había otros virtuosos del saxofón, me recuerdo que era Ramón bandurria o batería. La compañía de electricidad. HEAG. Cedía su salón de actos a Cáritas y al Centro Español y allí tuvo lugar uno de los festivales organizados por españoles y suramericanos con motivo del Día de la Hispanidad, en el que había flamenco y cumbias y jotas, actuaciones infantiles y cómicas.

3.- DE NUEVO EN ALEMANIA

Era un día casi de primavera del año 1963 cuando con mi maleta en la mano me apee del tren. De nuevo me encontraba en la ciudad de Darmstadt, pero esta vez iba con la promesa de tener trabajo y alojamiento por cuenta de la empresa.
Empecé a trabajar en los laboratorios Merck en el mismo departamento en el que ya estuve antes de irme. El mismo jefe, los mismos compañeros, el mismo trabajo, que consistía principalmente en la producción de extractos de plantas para hacer diversos tipos de medicamentos.
Me dieron vivienda en una residencia de la empresa, una especie de barracas de madera. Aquí es donde realmente me di cuenta de lo que significaba la vida de la emigración. Ahora me tenía que organizar o mismo. Recuerdo que cuando por la tarde después del trabajo, salía a la calle para darme un paseo, mi ilusión era ver si encontraba a alguien que hablara español, porque lo importante era que hablara mi idioma.
En nuestra mente siempre teníamos todo lo que en nuestra tierra nos dejamos. Esa nostalgia que teníamos la olvidábamos cuando llegaba el fin de mes y enviábamos dinero, que a mi madre le hacía falta, lo que en España se hacía con aquellos marcos que mandábamos era nuestro consuelo al saber que con el dinero que mandábamos, otros en España trabajaban. Lo que también tena en la mente era mi pueblo, sobre todo la calle Real, imagen que nunca podía olvidar porque estaba enfrente de la casa de la que yo salí y en la que quedaban mi madre y mi hermana.
La calle Real era la calle principal del pueblo; iba desde la carretera a Monachil, el tranvía de Granada a la Zubia, la iglesia y la taberna de Federico, pasando por el Estanco, la Carnicería y el Ayuntamiento, hasta subir por la Farmacia de Doña Luisa, el baile de Quintín, y el Carmen de San Rafael hasta la plaza del Mentidero, donde jugábamos los niños en el recreo del colegio y donde al atardecer los agricultores venían a buscar jornaleros para trabajar en la Vega a la mañana siguiente.
En la calle Real se celebraban las únicas fiestas del pueblo que había por aquella época. Eran ha mediado de Agosto, el patrón San Roque y la Virgen. De todo esto no paraba de acordarme, y es que cuando uno se encuentra fuera de su tierra, lo que la añora y del cariño que siente por ella.

Recuerdo que siendo niño, allá por el año 1952, precisamente en nuestra casa de la calle Real, mi madre me dijo una mañana que salía a despedir a mi prima Antonia que se iba a la Argentina, como emigrante. Estas palabras entonces yo no las comprendía. Pero cuando años más tarde fui yo el que emigre, entonces sí que comprendí su significado,-EMIGRACION-.A la que además de tragedia y tristeza hay que añadir una tercera palabra; riqueza.
Con riqueza quiero decir que los emigrantes nos enriquecimos en experiencias, amistades y, sobre todo, en la solidaridad con la que munchas personas nos ayudaron en el extranjero. Pero me refiero también a la riqueza que la entrada de divisas procedentes del trabajo de los emigrantes españoles en Alemania, Francia, Suiza, y otros países supuso para España y su muy débil economía de aquella época.

2.- MI SALIDA DE ESPAÑA

Aquí es donde comienza mi vida. Tuve la suerte de tener un gran amigo. Adolfo, que todos los años iba a trabajar a Alemania, durante una parte de sus vacaciones de verano, El me ayudo en todo para poderme ir con él. Me dijo que le diera seis fotos para hacerme el carnet de estudiante. No sé cómo lo logro, pero al fin pudimos irnos tres jóvenes a Alemania, dos estudiantes verdaderos y yo, que podíamos como estudiantes verdaderos y yo. Que podíamos -como estudiantes.-trabajar tres meses, pero yo iba con la idea de conseguir los permisos de residencia y trabajo para poder quedarme allí.
No se me olvidara aquella mañana de verano de 1962 cuando Adolfo, Francisco y yo salíamos de Granada a Valencia y de Valencia , a Barcelona con unos de los trenes más rápidos de entonces; desde Granada hasta Valencia se tardaba un día entero, y desde Valencia a Barcelona una noche. Luego cambiamos al autobús que nos llevara a Alemania en dos días, haciendo noche en la ciudad francesa de Lyon. Así llegamos a Alemania, concretamente a Frankfurt con nuestra maleta en la mano, pero también con la nostalgia de haber dejado a más de dos mil Kilómetros de distancia a nuestros familiares y amigos.
Nuestro destino final fue Andernach, una pequeña ciudad junto al rio Rin, en la que Adolfo, nos había encontrado trabajo a los tres para todo el verano en una fábrica de maderas y plásticos. Yo me vi confrontado con un mundo distinto, con costumbres y hábitos muy distintos a los de mi tierra; la calle se atravesaba por el paso de peatones, el acompañamiento en las comidas eran patatas todos los diasén las camas no te tapabas con sabanas sino con fundas llenas de plumas, que hoy todo el mundo conoce aquí como fundas nórdicas, etc. Pero nuestro deber era adaptarnos a la vida del país donde nos encontrábamos.
Entre los extranjeros, en su mayoría estudiantes que trabajaban allí durante las vacaciones. Estábamos muy bien, tan bien que los dueños de la empresa incluso nos invitaron una tarde a tomar café en su casa.
No puedo olvidar una anécdota que todavía hoy algunos amigos me recuerdan ellos y yo estábamos en el Rin visitando una torre de piedra y madera que tendría que haber servido en sus días para cargar y descargar barcos; el rio transcurría a cinco metros, y allí fui a caer a un agua muy fría por un descuido, Aparte del gran susto que pillamos, afortunadamente no pasó nada aparte del hecho de que aquel percance no se me olvidara nunca y lo haya mencionado aquí Fuimos conociendo a gente y haciendo amistades, incluso con una chica de la que años más tarde me entere que era la hija del dueño.
Tengo que añadir que, incluso estando trabajando desde que trascurrieron los tres primeros meses estaba en situación ilegal, siempre con la preocupación de que en algún momento la policía me parara y me expulsara del país. Y así sucedió.-Que mal lo pase cuando me dijeron que tenía que abandonar Alemania, en 24 horas; Aquel control de la policía, de hace más de 48 años, lo revivo como si fuera hoy cuando veo por las calles de Granada a la policía pidiéndole la documentación a personas que por sus facciones o color de piel denotan que son inmigrantes.
Efectivamente, tuve que salir del país, se me vino el mundo encima, se acaba Alemania para mí. Pero no fue así, tuve la suerte de llevar en la maleta un certificado de la empresa de que al regresar tendría un puesto de trabajo y alojamiento. Me vine a Granada. El 3/ consulado Alemán me arreglo los =papeles= para poder regresar y entrar de forma legal en el país. Fue la segunda lotería que me toco y así se cumplió mi deseo de poder seguir en Alemania y girar todos los meses dinero a mi madre.

Con todos los papeles en regla comenzó mi verdadera vida de emigrante. Así es que abandone de nuevo a mi familia porque sabía que lo que pudiera ganar en Alemania, aquí no lo podría ganar. Pero esta segunda vez era distinto, iba solo. Al pasar la frontera me dejaba atrás mi tierra; aunque mal lo estábamos pasando, era nuestra tierra.

1.- HISTORIA DE UN EMIGRANTE RETORNADO

1/ Un saludo. Todos tenemos que saber. Que en los años 60 y 70 fuimos los que comencemos a levantar a España, pero no terminemos en aquellas épocas, sino que continuamos, haciéndolo son muchos los miles de euros, que siguen entrando, los cuales los Políticos, tratan de ocultarlo, todos los Emigrantes, que hemos retornado, tenemos unos derechos, a una Pensión, la cual la recibimos en nuestra querida España, y es donde la gastamos, de manera que con nuestro dinero, no somos solo nosotros los que nos mantenemos de este dinero, que recibimos, sino que cuando estamos en casa, y nos planteamos, que debemos ir de compras, y en la tienda que compramos, pagamos con ese dinero que nos viene del País que trabajamos.
Aun me recuerdo, cuando salí de mi Granada, por primera vez, qué tiempos aquellos, uno estaba joven, parecía que el Mundo, nos lo comíamos, nos creíamos que siempre, estaríamos, sanos, pero la vida con el tiempo, nos va cambiando, y solo nos va quedando el recuerdo, de aquella juventud, pero la vida es a veces muy triste, cuando surgen cosas, muy desagradables, tenemos que comprendes que Dios nos trae al Mundo y él nos da a cada uno nuestro destino.
Mirando lo que anteriormente, he escrito ahora quiero comenzar, a tratar de recordarme, que fue de mi juventud, pues fue una salida algo larga de contar, pero yo voy a escribir parte de lo que me recuerdo, salimos de la estación de Granada tres amigos, con destino Alemania, Adolfo ,Francisco, y un servidor, fue en el Automotor, que salía por la mañana, nos llevó a Valencia, estuvimos unas horas, hasta que salía el tren con destino, Barcelona, que fue una noche muy larga, entonces fue cuando, comencé a darme cuenta que mi Granada mi familia mis amigos los había dejado, cuando lleguemos a Barcelona, dejemos el tren y cogimos, el Europa bus, con destino, a Lion, nos quedemos una noche, en un Hotel, al otro día por la mañana, de nuevo con el autobús, destino Frankfurt, Alemania, recuerdo que en la estación de Darmstadt, nos esperaba Federico, para saludarnos, porque nosotros, teníamos que seguir hasta, Andernach, que era donde teníamos el trabajo, no dejaba de recordarme de la salida de mi Granada que ya estaba a muchos kilómetros de distancia, cuando ya estábamos en Andernach, teníamos que presentarnos, en la fábrica donde Adolfo nos encontró el trabajo, era una fábrica de maderas, donde teníamos que estar tres meses, todo fue muy bien, porque con el idioma no teníamos problemas, Adolfo hablaba el alemán, pero llego la hora de que ellos volvían a España, pero yo me quede allí, era la manera de mandar todos los mes es dinero a mi madre, para ir pagando a Santiago el Porrilla, que era quien en mi puesto, trabajaba en la construcción de la casa. Como para mí el quedarme en Andernach me fui a Darmstadt, que era donde estaba Federico, una ciudad cercana a Frankfurt Gracias a el, me dieron un puesto de trabajo, en los laboratorios Merck. Pero todo estaba un poco complicado, por no tener el permiso de residencia. Pero me dieron un trabajo, inmediatamente, Federico me presento a la asistenta social Elena Cervantes, me ayudo a conseguir un apartamento en Gross-Zimmer, un pueblo a unos 18 kilómetros de la capital.
2/ De nuevo me encuentro al frente del ordenador, trato de hacer una prueba, si me sale bien, el motivo es que llevo un rato escribiendo, y todo lo que he escrito, al darle a. Publicar, no se ha guardado, lamentablemente no debería de ocurrir estas cosas.

Estoy hablando de principios de los años sesenta, época en la que había comenzado la emigración a Europa,-Que palabra esta que yo aquí menciono. (EMIGRACION).Fue la lotería de una parte muy grande de aquella, España, la España que en esos tiempos teníamos; una pobreza muy grande.