miércoles, 13 de abril de 2016

10.- AFICIONES Y CARGOS

Aunque solía echar dos horas extraordinarias todos los días, mi horario de trabajo, en esta nueva etapa de mi vida, me permitía nuevamente practicar mi afición favorita que es el fútbol.
FUTBOL
Como el Centro Español había dejado de existir, un grupo de amigos formamos un equipo de fútbol, llamado = Los Diablos=, que incluso lleguemos a federar dos años después. En él trabajaron intensamente, entre otros, José Ladero, José Cordero y José Pimentel. El primer partido en la liga alemana fue contra el Stockstadt, algo que no se me olvidará, ya 14/ que nuestro jugador Antonio Pérez fue el que marcó el primer gol del partido que al final perdimos por 9-1.
Aunque muchas veces íbamos recibiendo grandes goleadas, la fe que teníamos no nos hizo desistir y así tratábamos de corresponder a la confianza con la que la liga alemana nos acogió. Hasta conseguimos un pequeño local para reuniones y llegamos a ser uno de los mejores equipos de la zona. Es un buen ejemplo de lo que el deporte puede hacer a favor de la integración de extranjeros.
Pero la integración a la que me refiero, no sólo fue entre alemanes y españoles, sino también entre extranjeros de varias nacionalidades. Así, por ejemplo, en Los Diablos teníamos jugadores de Grecia y Alemania, en el Club de Pfungtadt había españoles e italianos y, años más tarde, cuando asumí las tareas de entrenador de un equipo Italiano, el Club Viola, teníamos jugadores de Italia. España. Portugal. Alemania y Senegal.
Han sido muchos años los que he estado actuando como entrenador en la liga de fútbol de aficionados en Alemania y son muchos y muy buenos los momentos que recuerdo de cuando gentes de muy diversos países hacíamos deporte y lo pasábamos bien. En España hay muchos futbolistas extranjeros profesionales y bien pagados, pero lo que echo de menos en Granada de primeros del 2006 es equipos de trabajadores extranjeros que jueguen en las ligas de aficionados y que ya federación española los acoja y los arrope con el mismo interés con el que nos acogieron a nosotros en Alemania.
Tengo que subrayar que mis actividades como jugador y entrenador de fútbol se limitaban a entrenamientos y a partidos. Los jugadores, las familias y los muchos aficionados al deporte del balón formábamos como una piña y éramos una gran familia siempre dispuesta a celebrar victorias y organizar fiestas y excursiones. Con las fiestas de Navidad solían coincidir los torneos de fútbol sala.
Mi ¨carrera¨ futbolística no termino en Alemania. Cuando retorné a Granada. Cirilo a cuyo cargo estaba de responsable del fútbol en Huetor- Vega-me encargó trabajar con los juveniles. Aunque me gustó mucho desarrollar esta tarea en mi propio pueblo, a los seis meses tuve que dejarla por cuestiones de salud y colgar las botas en mí mismo pueblo en el que cuarenta años atrás nos íbamos a jugar al fútbol, primero a un descampado junto a la Iglesia (antiguo cementerio) y más tarde a los Rebites, un campo cercado de cañas que por entonces existía en los Rebites. En la actualidad vivo bastante cerca de la loma en cuya pendiente estaba ese campo del que teníamos que salir corriendo cuesta abajo cuando el balón se nos escapa por encima de las cañas y se nos iba hasta la cañada de los Seis Olivos. Aunque no fuera un campo como los de hoy y volviéramos a casa con rasguños y heridas, era un sitio en el que los muchachos lo pasábamos muy bien los domingos por las tardes.

Ahora ya sólo me quedaba la posibilidad de acompañar alguna vez que otra a nuestro hijo Francisco Javier que al volver a España se apuntó enseguida, primero al equipo Granada 74 de la Chana y después al Huetor- Vega CF. Para ser sincero, tengo que confesar que el fútbol sigue siendo mi gran afición, aunque ahora sólo sea ver la liga española en televisión y la liga alemana gracias a la parabólica. Los sábados por la tarde son sagrados para mí, pues procuro no perderme nunca la Bundesliga.

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