Así
iba transcurriendo nuestra vida hasta que pasados once meses llegaba
el día de las vacaciones y regresábamos a nuestra tierra para pasar
un mes junto a nuestros familiares y amigos.
Es
como cuando un auto está un poco averiado y se le hace la revisión
en un taller y sale del arreglo para poder seguir rodando otro
tiempo, hasta que se haga necesario un nuevo arreglo o revisión,
unas de mis primaras visitas obligadas era a las obras de las nuevas
casas para comprobar en lo que se iba gastando el dinero que yo
mandaba mensualmente a mi madre. Como me encontraba de nuevo en mi
querido Huetor y siempre tenía buenos amigos de la infancia que me
acogían con cariño después de casi un año sin vernos. Uno de
ellos era Enrique Girela que, siempre que tenía libre, estaba
dispuesto a que lo pasáramos juntos. Enrique tenía una Vesta con la
que nos íbamos a la playa o a la sierra. En Sierra Nevada dejábamos
la moto en los albergues y nos íbamos andando hasta el Veleta.
Otras veces nos dábamos una vuelta por la capital, apenas tenía tráfico. Ya no hay unos cuantos coches pequeños sino por todas partes coches grandes, potentes y de lujo. Los españoles tenemos que estar muy orgullosos de cómo nos encontramos, pero tenemos que tener en cuenta, el dinero que entra de nosotros, y de poder estar acogiendo a muchos inmigrantes de algunos países en los que ni siquiera podrán tener un coche pequeño. Deberíamos reflexionar un poco y no quejarnos tanto, al pesar de que nuestra situación ahora no la estamos pasando muy bien, pero ay veces que. Deberíamos reflexionar un poco y no quejarnos tanto como a veces acostumbramos a hacerlo.
Las cuatro semanas de permiso se pasaban más rápidamente de lo que nos hubiera gustado. Llegaba el peor momento, el de la despedida de nuestros familiares y amigos hasta que nuevamente pasara un año, un tiempo muy largo que sólo se hacía más llevadero gracias a las cartas que nos escribíamos con regularidad, esas cartas que al regresar del trabajo a casa nos encontrábamos en el buzón y eran para nosotros motivo de gran alegría.
Otras veces nos dábamos una vuelta por la capital, apenas tenía tráfico. Ya no hay unos cuantos coches pequeños sino por todas partes coches grandes, potentes y de lujo. Los españoles tenemos que estar muy orgullosos de cómo nos encontramos, pero tenemos que tener en cuenta, el dinero que entra de nosotros, y de poder estar acogiendo a muchos inmigrantes de algunos países en los que ni siquiera podrán tener un coche pequeño. Deberíamos reflexionar un poco y no quejarnos tanto, al pesar de que nuestra situación ahora no la estamos pasando muy bien, pero ay veces que. Deberíamos reflexionar un poco y no quejarnos tanto como a veces acostumbramos a hacerlo.
Las cuatro semanas de permiso se pasaban más rápidamente de lo que nos hubiera gustado. Llegaba el peor momento, el de la despedida de nuestros familiares y amigos hasta que nuevamente pasara un año, un tiempo muy largo que sólo se hacía más llevadero gracias a las cartas que nos escribíamos con regularidad, esas cartas que al regresar del trabajo a casa nos encontrábamos en el buzón y eran para nosotros motivo de gran alegría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario