miércoles, 13 de abril de 2016

7.- MI MADRE ME VISITA

En Navidades de 1965 tuve una gran alegría, pues fue la primera vez que mi madre me visitó en Alemania. Se vino con doña Elli, que iba a pasar unos meses con su hijo Federico, aunque mi vi venda era pequeña fue lo suficientemente grande para que mi madre se sintiera a gusto, sobre todo por estar junto amo.
A mi madre le agradó mucho conocer a la gente con la que yo me trataba, especialmente a Leoncio Rodríguez, su esposa Olivia e hijos, que la acogieron como si fuera de la familia. Los hijos lo pasaban muy bien con ella y no era raro ver a los dos menores jugar con mi madre. A la familia Rodríguez jamás podré olvidarla, son parte de mi familia y siempre les estaré muy agradecido por todo. Para mi tiempo muy feliz, pues no estaba solo, gozaba de su compañía y yo no tenía preocupaciones, pues cuando llegaba del trabajo me encontraba siempre la ropa lavada y planchada, la casa limpia y la comida en la mesa.
Esta vivencia vuelve a mi memoria que he conocido en Granada a inmigrantes que estaban solos, deseosos de poder abrazar un día a sus madres o esposas. Se lo mucho que se sufre en la soledad, cuando uno está lejos de los suyos, y lo que uno goza cuando al fin llega el día de pasar juntos una temporada.
Mi madre se lo pasó muy bien en Alemania, no sólo por estas conmigo, sino también por las muchas cosas que había en ese país, que todavía no existían en la Granada de entonces. Ella y doña Eli aprovechaban, por ejemplo, para ir a los grandes almacenes y subir por las escaleras mecánicas a la cafetería desde donde se dominaba toda la ciudad. Ella se quedaba asombrada, ya que eran tiempos anteriores a los del establecimiento de Galerías Preciados y el Corte inglés en Granada.
Así, mi madre conoció también el contraste entre el lujo de una Alemania que estaba resurgiendo de las cenizas y descombros de la guerra mundial, con la importante ayuda del trabajo de los emigrantes, y la bastante humilde vivienda que yo tenía. Es que antes Alemania, y ahora, en España, los emigrantes siempre nos hemos tenido que conformar con viviendas baratas o compartir un piso para poder ahorras algo más.
La historia se repite, Lo que yo viví en los años sesenta en Alemania, lo veo ahora, cuando años después cuando paso por calles de Granada. Almería, Murcia o Cartagena, con casas medio en ruinas en las que no quieren vivir españoles, y que sólo se alquilan a inmigrantes que viven en ellas muchas veces en condiciones infrahumanas.
Como es natural, mi madre conoció también a todos los paisanos de la colonia de Darmstadt, a donde muchos fines de semana íbamos con mi primo Antonio Muñoz que trabajaba en la ciudad de Hanau cerca de Frankfurt.
Entre unas cosas y otras, también fuertes y prolongadas nevadas y muchos grados bajo cero, llego el día en que mi madre se tenía que volver a España, Huetor Vega la esperaba. Yo me quedé nuevamente solo soñando con que llegaran otra vez, como cada año, las vacaciones de verano. Sé que ella se lo pasó muy bien, pues no fue la única vez que hizo las maletas para ir a Alemania.

8/ Esta visita fue la primera de un total de cinco que mi madre me hizo en años posteriores. Una vez se vino, las demás veces con doña Eli, Unas veces en tren por Madrid y Paris, otras en coche por Barcelona y Lyon, y el último que viajaron fue en avión hasta Frankfurt. Este fue el último viaje que hizo a Alemania, porque doña Eli la madre de Federico, murió en Darmstadt y después mi madre ya no quiso viajar sola hasta Alemania.

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