En
Navidades de 1965 tuve una gran alegría, pues fue la primera vez
que mi madre me visitó en Alemania. Se vino con doña Elli, que iba
a pasar unos meses con su hijo Federico, aunque mi vi venda era
pequeña fue lo suficientemente grande para que mi madre se sintiera
a gusto, sobre todo por estar junto amo.
A
mi madre le agradó mucho conocer a la gente con la que yo me
trataba, especialmente a Leoncio Rodríguez, su esposa Olivia e
hijos, que la acogieron como si fuera de la familia. Los hijos lo
pasaban muy bien con ella y no era raro ver a los dos menores jugar
con mi madre. A la familia Rodríguez jamás podré olvidarla, son
parte de mi familia y siempre les estaré muy agradecido por todo.
Para mi tiempo muy feliz, pues no estaba solo, gozaba de su compañía
y yo no tenía preocupaciones, pues cuando llegaba del trabajo me
encontraba siempre la ropa lavada y planchada, la casa limpia y la
comida en la mesa.
Esta vivencia vuelve a mi memoria que he conocido en Granada a inmigrantes que estaban solos, deseosos de poder abrazar un día a sus madres o esposas. Se lo mucho que se sufre en la soledad, cuando uno está lejos de los suyos, y lo que uno goza cuando al fin llega el día de pasar juntos una temporada.
Esta vivencia vuelve a mi memoria que he conocido en Granada a inmigrantes que estaban solos, deseosos de poder abrazar un día a sus madres o esposas. Se lo mucho que se sufre en la soledad, cuando uno está lejos de los suyos, y lo que uno goza cuando al fin llega el día de pasar juntos una temporada.
Mi
madre se lo pasó muy bien en Alemania, no sólo por estas conmigo,
sino también por las muchas cosas que había en ese país, que
todavía no existían en la Granada de entonces. Ella y doña Eli
aprovechaban, por ejemplo, para ir a los grandes almacenes y subir
por las escaleras mecánicas a la cafetería desde donde se dominaba
toda la ciudad. Ella se quedaba asombrada, ya que eran tiempos
anteriores a los del establecimiento de Galerías Preciados y el
Corte inglés en Granada.
Así,
mi madre conoció también el contraste entre el lujo de una Alemania
que estaba resurgiendo de las cenizas y descombros de la guerra
mundial, con la importante ayuda del trabajo de los emigrantes, y la
bastante humilde vivienda que yo tenía. Es que antes Alemania, y
ahora, en España, los emigrantes siempre nos hemos tenido que
conformar con viviendas baratas o compartir un piso para poder
ahorras algo más.
La historia se repite, Lo que yo viví en los años sesenta en Alemania, lo veo ahora, cuando años después cuando paso por calles de Granada. Almería, Murcia o Cartagena, con casas medio en ruinas en las que no quieren vivir españoles, y que sólo se alquilan a inmigrantes que viven en ellas muchas veces en condiciones infrahumanas.
Como es natural, mi madre conoció también a todos los paisanos de la colonia de Darmstadt, a donde muchos fines de semana íbamos con mi primo Antonio Muñoz que trabajaba en la ciudad de Hanau cerca de Frankfurt.
La historia se repite, Lo que yo viví en los años sesenta en Alemania, lo veo ahora, cuando años después cuando paso por calles de Granada. Almería, Murcia o Cartagena, con casas medio en ruinas en las que no quieren vivir españoles, y que sólo se alquilan a inmigrantes que viven en ellas muchas veces en condiciones infrahumanas.
Como es natural, mi madre conoció también a todos los paisanos de la colonia de Darmstadt, a donde muchos fines de semana íbamos con mi primo Antonio Muñoz que trabajaba en la ciudad de Hanau cerca de Frankfurt.
Entre
unas cosas y otras, también fuertes y prolongadas nevadas y muchos
grados bajo cero, llego el día en que mi madre se tenía que volver
a España, Huetor Vega la esperaba. Yo me quedé nuevamente solo
soñando con que llegaran otra vez, como cada año, las vacaciones de
verano. Sé que ella se lo pasó muy bien, pues no fue la única vez
que hizo las maletas para ir a Alemania.
8/
Esta visita fue la primera de un total de cinco que mi madre me hizo
en años posteriores. Una vez se vino, las demás veces con doña
Eli, Unas veces en tren por Madrid y Paris, otras en coche por
Barcelona y Lyon, y el último que viajaron fue en avión hasta
Frankfurt. Este fue el último viaje que hizo a Alemania, porque doña
Eli la madre de Federico, murió en Darmstadt y después mi madre ya
no quiso viajar sola hasta Alemania.
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