miércoles, 13 de abril de 2016

3.- DE NUEVO EN ALEMANIA

Era un día casi de primavera del año 1963 cuando con mi maleta en la mano me apee del tren. De nuevo me encontraba en la ciudad de Darmstadt, pero esta vez iba con la promesa de tener trabajo y alojamiento por cuenta de la empresa.
Empecé a trabajar en los laboratorios Merck en el mismo departamento en el que ya estuve antes de irme. El mismo jefe, los mismos compañeros, el mismo trabajo, que consistía principalmente en la producción de extractos de plantas para hacer diversos tipos de medicamentos.
Me dieron vivienda en una residencia de la empresa, una especie de barracas de madera. Aquí es donde realmente me di cuenta de lo que significaba la vida de la emigración. Ahora me tenía que organizar o mismo. Recuerdo que cuando por la tarde después del trabajo, salía a la calle para darme un paseo, mi ilusión era ver si encontraba a alguien que hablara español, porque lo importante era que hablara mi idioma.
En nuestra mente siempre teníamos todo lo que en nuestra tierra nos dejamos. Esa nostalgia que teníamos la olvidábamos cuando llegaba el fin de mes y enviábamos dinero, que a mi madre le hacía falta, lo que en España se hacía con aquellos marcos que mandábamos era nuestro consuelo al saber que con el dinero que mandábamos, otros en España trabajaban. Lo que también tena en la mente era mi pueblo, sobre todo la calle Real, imagen que nunca podía olvidar porque estaba enfrente de la casa de la que yo salí y en la que quedaban mi madre y mi hermana.
La calle Real era la calle principal del pueblo; iba desde la carretera a Monachil, el tranvía de Granada a la Zubia, la iglesia y la taberna de Federico, pasando por el Estanco, la Carnicería y el Ayuntamiento, hasta subir por la Farmacia de Doña Luisa, el baile de Quintín, y el Carmen de San Rafael hasta la plaza del Mentidero, donde jugábamos los niños en el recreo del colegio y donde al atardecer los agricultores venían a buscar jornaleros para trabajar en la Vega a la mañana siguiente.
En la calle Real se celebraban las únicas fiestas del pueblo que había por aquella época. Eran ha mediado de Agosto, el patrón San Roque y la Virgen. De todo esto no paraba de acordarme, y es que cuando uno se encuentra fuera de su tierra, lo que la añora y del cariño que siente por ella.

Recuerdo que siendo niño, allá por el año 1952, precisamente en nuestra casa de la calle Real, mi madre me dijo una mañana que salía a despedir a mi prima Antonia que se iba a la Argentina, como emigrante. Estas palabras entonces yo no las comprendía. Pero cuando años más tarde fui yo el que emigre, entonces sí que comprendí su significado,-EMIGRACION-.A la que además de tragedia y tristeza hay que añadir una tercera palabra; riqueza.
Con riqueza quiero decir que los emigrantes nos enriquecimos en experiencias, amistades y, sobre todo, en la solidaridad con la que munchas personas nos ayudaron en el extranjero. Pero me refiero también a la riqueza que la entrada de divisas procedentes del trabajo de los emigrantes españoles en Alemania, Francia, Suiza, y otros países supuso para España y su muy débil economía de aquella época.

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