Aquí
es donde comienza mi vida. Tuve la suerte de tener un gran amigo.
Adolfo, que todos los años iba a trabajar a Alemania, durante una
parte de sus vacaciones de verano, El me ayudo en todo para poderme
ir con él. Me dijo que le diera seis fotos para hacerme el carnet de
estudiante. No sé cómo lo logro, pero al fin pudimos irnos tres
jóvenes a Alemania, dos estudiantes verdaderos y yo, que podíamos
como estudiantes verdaderos y yo. Que podíamos -como
estudiantes.-trabajar tres meses, pero yo iba con la idea de
conseguir los permisos de residencia y trabajo para poder quedarme
allí.
No se me olvidara aquella mañana de verano de 1962 cuando Adolfo, Francisco y yo salíamos de Granada a Valencia y de Valencia , a Barcelona con unos de los trenes más rápidos de entonces; desde Granada hasta Valencia se tardaba un día entero, y desde Valencia a Barcelona una noche. Luego cambiamos al autobús que nos llevara a Alemania en dos días, haciendo noche en la ciudad francesa de Lyon. Así llegamos a Alemania, concretamente a Frankfurt con nuestra maleta en la mano, pero también con la nostalgia de haber dejado a más de dos mil Kilómetros de distancia a nuestros familiares y amigos.
Nuestro destino final fue Andernach, una pequeña ciudad junto al rio Rin, en la que Adolfo, nos había encontrado trabajo a los tres para todo el verano en una fábrica de maderas y plásticos. Yo me vi confrontado con un mundo distinto, con costumbres y hábitos muy distintos a los de mi tierra; la calle se atravesaba por el paso de peatones, el acompañamiento en las comidas eran patatas todos los diasén las camas no te tapabas con sabanas sino con fundas llenas de plumas, que hoy todo el mundo conoce aquí como fundas nórdicas, etc. Pero nuestro deber era adaptarnos a la vida del país donde nos encontrábamos.
Entre los extranjeros, en su mayoría estudiantes que trabajaban allí durante las vacaciones. Estábamos muy bien, tan bien que los dueños de la empresa incluso nos invitaron una tarde a tomar café en su casa.
No se me olvidara aquella mañana de verano de 1962 cuando Adolfo, Francisco y yo salíamos de Granada a Valencia y de Valencia , a Barcelona con unos de los trenes más rápidos de entonces; desde Granada hasta Valencia se tardaba un día entero, y desde Valencia a Barcelona una noche. Luego cambiamos al autobús que nos llevara a Alemania en dos días, haciendo noche en la ciudad francesa de Lyon. Así llegamos a Alemania, concretamente a Frankfurt con nuestra maleta en la mano, pero también con la nostalgia de haber dejado a más de dos mil Kilómetros de distancia a nuestros familiares y amigos.
Nuestro destino final fue Andernach, una pequeña ciudad junto al rio Rin, en la que Adolfo, nos había encontrado trabajo a los tres para todo el verano en una fábrica de maderas y plásticos. Yo me vi confrontado con un mundo distinto, con costumbres y hábitos muy distintos a los de mi tierra; la calle se atravesaba por el paso de peatones, el acompañamiento en las comidas eran patatas todos los diasén las camas no te tapabas con sabanas sino con fundas llenas de plumas, que hoy todo el mundo conoce aquí como fundas nórdicas, etc. Pero nuestro deber era adaptarnos a la vida del país donde nos encontrábamos.
Entre los extranjeros, en su mayoría estudiantes que trabajaban allí durante las vacaciones. Estábamos muy bien, tan bien que los dueños de la empresa incluso nos invitaron una tarde a tomar café en su casa.
No
puedo olvidar una anécdota que todavía hoy algunos amigos me
recuerdan ellos y yo estábamos en el Rin visitando una torre de
piedra y madera que tendría que haber servido en sus días para
cargar y descargar barcos; el rio transcurría a cinco metros, y allí
fui a caer a un agua muy fría por un descuido, Aparte del gran susto
que pillamos, afortunadamente no pasó nada aparte del hecho de que
aquel percance no se me olvidara nunca y lo haya mencionado aquí
Fuimos conociendo a gente y haciendo amistades, incluso con una chica
de la que años más tarde me entere que era la hija del dueño.
Tengo
que añadir que, incluso estando trabajando desde que trascurrieron
los tres primeros meses estaba en situación ilegal, siempre con la
preocupación de que en algún momento la policía me parara y me
expulsara del país. Y así sucedió.-Que mal lo pase cuando me
dijeron que tenía que abandonar Alemania, en 24 horas; Aquel control
de la policía, de hace más de 48 años, lo revivo como si fuera hoy
cuando veo por las calles de Granada a la policía pidiéndole la
documentación a personas que por sus facciones o color de piel
denotan que son inmigrantes.
Efectivamente,
tuve que salir del país, se me vino el mundo encima, se acaba
Alemania para mí. Pero no fue así, tuve la suerte de llevar en la
maleta un certificado de la empresa de que al regresar tendría un
puesto de trabajo y alojamiento. Me vine a Granada. El
3/ consulado Alemán me arreglo los =papeles= para poder regresar
y entrar de forma legal en el país. Fue la segunda lotería que me
toco y así se cumplió mi deseo de poder seguir en Alemania y girar
todos los meses dinero a mi madre.
Con
todos los papeles en regla comenzó mi verdadera vida de emigrante.
Así es que abandone de nuevo a mi familia porque sabía que lo que
pudiera ganar en Alemania, aquí no lo podría ganar. Pero esta
segunda vez era distinto, iba solo. Al pasar la frontera me dejaba
atrás mi tierra; aunque mal lo estábamos pasando, era nuestra
tierra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario