miércoles, 13 de abril de 2016

4.- UN PEQUEÑO HUETOR VEGA EN ALEMANIA

Un buen día me entere de que en Pfungstadt, un pueblo cercano a Darmstadt, Vivian varios paisanos, eran gente de mi mismo pueblo, Huetor Vega. Aquello fue para mí una alegría muy grande. El primer día que fui a verlos. Cirilo y su esposa Roció me invitaron a comer, precisamente esas patatas fritas al estilo de nuestra tierra, que yo ya llevaba mucho tiempo sin probar.
Desde entonces iba casi todos los domingos a ver a mis paisanos. Entre ellos estaban Meno y Santiago, Paquito, Ramón, Rafael, y varios más, pues unos habían ido tirando de otros, el resultado era que gran parte de los emigrantes hueteños estaban en este pueblo.
Todos ellos me dieron cariño, apoyo y ánimos para seguir hacia adelante, se me hacía muy larga, la semana, esperando que al fin llegara la hora de coger el tranvía hasta Eberstadt y trasbordar al autobús que me llevaría a Pfungstadt ese pequeño Huetor - Vega, que había descubierto en Alemania, esa localidad alemana en la que el bar, Rose; en el que los españoles nos reuníamos, llegamos a ponerle el sobrenombre de, Bar el Mentidero.
Los jóvenes que allí estábamos todos nuestras ilusiones y aficiones; una de ellas era la de jugar al futbol entre nosotros, Pero no solo los de Huetor, sino muchachos de cualquier parte, de España: todos estábamos muy unidos, nos desahogábamos hablando de nuestra tierra, y tratábamos de quitarnos las penas, que sentíamos por estas tan lejos, unos de Bembibre, otros de Alcantarilla y otros de Huetor Vega.
Pfungstadt fue un pueblo muy acogedor para todos los españoles. Aparte de jugar al futbol , teníamos de vez en cuando cine en español, las reuniones en nuestro, -Mentidero-,y la celebración de una gran fiesta de fin de año en el pabellón del Ayuntamiento, amenizada por un conjunto de españoles y, algunas veces, también por músicos que venían expresamente desde España, a tocar centros españoles del extranjero. Estas fiestas de Nochevieja, con jamón serrano, mantecados, polvorones, cava y una gran rifa, se convirtió, en una tradición que hoy en el año 2013 ha dejado de ser aquella famosa fiesta, que tanto disfrutábamos, los españoles.
Yo he sido de los hombres que siempre ha disfrutado todo lo que he podido. Pero como todos íbamos huyendo de una vida de miseria y con la esperanza de poder encontrar una vida mejor, también pertenezco a esa raza de los que quieren y deben progresar. Aunque como es natural, no sin sacrificios, yendo, por ejemplo, y adaptarme mejor a mi país de acogida. Esto me permitía adquirir más conocimientos para mi propio bien y más posibilidades para ayudar a los que llegaron después que yo.
Me enorgullezco de haber sido emigrante. Además de ser hueteño, granadino y español, tengo así una segunda tierra que es Alemania, el país que me ha dado casi todo lo que ahora tengo y en el que se produjo un gran cambio en mi vida, acompañado naturalmente no pocas veces de sacrificios y lágrimas.
Un buen día, Leoncio me dijo que si quería irme a vivir a Arheilgen, a una habitación que se había quedado vacía junto a su casa. No lo pensé dos veces y así lo hice. Cambié la habitación compartida de la barraca por una habitación compartida de la barraca por una habitación para mí solo, aunque compartiendo patio y retrete. Gracias a Leoncio mi vida cambio para bien, no solo por tener un mejor alojamiento, sino sobre todo porque Leoncio y su esposa Olivia, y sus hijos José, David, Maribel y el pequeño Nines, fueron para mí como una segunda familia, me dieron todo el cariño posible. El vivir junto a ellos y compartir muchos ratos buenos, hizo que me encontrara muy agusto en mi habitación, aunque fuera fría y no muy acogedora. Lo peor era tener que salir tiritando en las noches de los largos inviernos al patio, que es donde se encontraba el retrete. La ropa la lavaba según el sistema tradicional Alemán, hirviéndola en un perol grande y removiendo, Para no tener que planchar, comprábamos camisas de nylon para lavar y colgar, sin necesidad de plancharlas.
5/ Como ahora tenía habitación con cocina, muchos fines de semana venían amigos a mi casa. Los que estábamos solteros nos hacíamos la comida, estábamos unas horas jugando, jugábamos al dominó y a las cartas, hablábamos y defendíamos cada uno a nuestro pueblo como el mejor, aunque habíamos emigrado por las dificultades que teníamos en nuestros pueblos, nunca tolerábamos que se nos hablara mal del nuestro, porque era tierra en la que habíamos nacido, Recuerdo que yo siempre defendía también el buen vino de Huetor Vega.
En mi habitación, escuchábamos Radio España independiente Emisora Pirenaica con noticias de nuestra tierra que, por estar prohibido en España, en nuestra tierra se desconocían, También poníamos el programa en español de la emisora alemana Radio Múnich y tratábamos de sintonizar, a veces con mucho ruido, alguna emisora española que los domingos por la tarde nos ponían al corriente de los resultados de la liga española. En las retrasmisiones de partidos de la selección española nos emocionaba mucho escuchar el himno español, se nos ponía el vello de punta y hasta se nos saltaban las lágrimas, lo mismo nos ocurría con el concurso de Eurovisión de la canción, cuando nerviosos esperábamos que los doce puntos fueran para España.
Los fríos del invierno, nos obligaba que los fines de semana íbamos, Leoncio y sus hijos al bosque a buscar leña para la estufa. Eran tiempos en los que todos procurábamos gastar lo menos posible, y nos traíamos el Opel de Leoncio cargado de leña hasta los topes. Todos mirábamos por la peseta, mejor dicho, por el marco que era la moneda alemana de entonces. Precisamente el cambio de marcos a pesetas era lo que nos beneficiaba a los emigrantes.
Hablando de ahorrar, tengo que mencionar que casi todos los emigrantes siempre buscábamos donde hacer un trabajo aparte del que teníamos son la fábrica, para ganar algo más. Yo hice varios, ejemplo, en las bases norteamericanas de la ciudad de Hanau; cuando tenían fiestas trabajábamos un compañero alemán y yo de camareros en las carpas que montaban y allí se nos presentaba el problema de los cambios, ya que se pagaba en marcos y en dólares, y había que echar cuentas, pero nos acostumbramos sin problemas.
Algunos fines de semana los aprovechaba para ir al Centro Español que había en Darmstatd y cuyo bar lo regentaban el gallego Perfecto y su mujer Agustina. Una de sus hijas se llegó a casar con el portugués Fernando, un ex jugador de fútbol de la primera división de Portugal que, por razones políticas, había emigrado a Alemania y trabajaba conmigo en la misma sección,- Porque menciono esto-.El cambiar la camiseta de su equipo por un mono de trabajo motivó que, durante los primeros tiempos Fernando tuviera problemas y mucha tristeza,-Por eso le presenté a una chica gallega guapa y simpática, era Elena, la hija de Perfecto, hoy su esposa.
Un domingo fuimos un grupo de españoles al parque zoológico de Frankfurt. Cualquier excursión o reunión entre españoles nos ayudaba a que nuestra vida fuese más estable y abandonáramos en munchos ratos la soledad. Aquella visita al zoo fue muy bonita: yo nunca había visto un parque zoológico tan grande- La excursión la había organizado Federico Hernández, que en aquella época fue la mano derecha de muchos españoles y nos ayudaba en todo lo que estuviera en sus manos y gracias a que dominaba el alemán. Con el tiempo he ido comprendiendo las ventajas que uno tiene si se sabe el idioma del país y puede echar una mano a los demás.

Siempre he tratado de hablar y tratar con cuantas personas me aceptaran y, aunque ya no vivía en la barraca de la fábrica, seguía visitando con regularidad a los compañeros que allí se quedaron, y no podían, pero yo con mis pequeñas dificultades sí que podía.
También tuvimos la suerte de que alguna vez nos visitaran artistas importantes, como el Príncipe Gitano y Marisol. Otro amigo y yo fuimos los encargados de repartir la propaganda por la ciudad y los pueblos, en ambas ocasiones hubo un lleno total, mucha alegría y muchos aplausos, pero también alguna que otra lagrima por el recuerdo de los que estaban lejos de nosotros. En estos actos y cuando jugábamos al futbol entre nosotros 6/ como equipos de centros españoles de otras ciudades como Viesen, Wetzlar o Stuttgart, éramos varios cientos de emigrantes los que nos encontrábamos. Por esta razón hoy me enfado cuando alguien me dice que hay muchos inmigrantes al ver reunidos a varios grupos, lo mismo lo hemos hecho nosotros, como si se tratara de una multitud amenazante.
El Centro Español también organizaba algunas fiestas, como para Navidad o el Día de la Hispanidad, para los numerosos españoles y latinoamericanos que Vivian en Darmstadt y sus alrededores, incluso se llegaron a formas pequeños conjuntos musicales, aprovechando la circunstancia de que entre los emigrantes siempre había gente que sabía tocar algún instrumento. De aquella época era el-Niño de Darmstadt- al cante y a la guitarra. Pero también había otros virtuosos del saxofón, me recuerdo que era Ramón bandurria o batería. La compañía de electricidad. HEAG. Cedía su salón de actos a Cáritas y al Centro Español y allí tuvo lugar uno de los festivales organizados por españoles y suramericanos con motivo del Día de la Hispanidad, en el que había flamenco y cumbias y jotas, actuaciones infantiles y cómicas.

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